Pensar el territorio como una construcción selvática es una forma de resistencia, la selva crece con ímpetu, cruza paredes, y atraviesa ventanas. Es la fuerza que resiste al abandono, las ramas que rompen la quietud, llenándose con formas libres y orgánicas. Brochazos que traducen estados anímicos y abarcan emociones que se extienden desde la misma pintura. Puede ser una proceso fácil o algo fuerte y arrasador, puede tardar dos días, tres años, unas pocas horas o no acabarse nunca. Lo importante es llegar a un punto de sometimiento final, determinado por el ejercicio de dejar ir.


Ser extranjera en mi propio país es una cosa común, casi.todos tenemos en Panamá, al ancestro que llegó de otro lugar. Esa mezcolanza nos define, la ambivalencia geográfica y la búsqueda del sentido de pertenencia, prepara el terreno que me impulsa al proceso creativo. Se genera entonces lo que yo llamo pensamiento selvático, una manera de razonamiento amalgamado, confuso e intenso, una forma acelerada de pensar, intentos de verbalizar la misma maraña que crece entre los árboles y los techos de zinc, la que también se lleva por dentro.

Hasta ahora he pensando la memoria desde muy lejos, borrosa; una invención dulce y cariñosa pero que solo era real para mí. Surgió entonces la necesidad de trazar el camino de regreso, para encontrar las cercanías entre los espacios distantes, el hilo que conecte la huella del pasado con este presente alterno que estamos viviendo.

Mi propuesta pictórica, presenta una enramada en primer plano, es una exploración de paisajes de selva densa y rara. Capas y capas, que aparecen y desaparecen, se refiere a una sensación de estar totalmente cubierta. La composición sumergida con trazos sueltos, aborda el fenómeno del crecimiento impredecible que existe en esta región tropical.

Este trabajo visual conlleva ensayos de el color y la forma, el chorreado transparentado predomina y la salpicadura libre que antes era concebida como un error, se vuelve parte de una reflexión matérica.


Dentro de los cuadros hay unos cuerpos cubiertos por matas, unas figuras fantasmales, escondidas. A pesar de eso, su presencia respira bajo el follaje. Estar abrazada por la selva les hace sentir seguridad, el brote que se precipita sobre el suelo tiene un balance que las contiene a ellas. Abarcan todas las posibles versiones que existen de mí, superpuestas y delimitadas por los bordes del bastidor.

Me interesa ver cómo cuestionamientos de la memoria individual puede también reflejar aspectos sobre la memoria colectiva. Una reflexiones acerca del olvido, la identidad y la naturaleza (naturalidad o familiaridad) los espacios donde se encuentran las anécdotas y la imaginación, la necesidad de crear una historia desde el no conocer mi propio origen.


2020